Amor, quiero que hablemos )-:
Te extraño y amo un montón.
-Al ser pasadas de la medianoche y no poder conciliar el sueño, me desperecé sobre la cama, a tu lado. Accidentalmente alcancé a rozar tu rostro con una de mis palmas, a lo que giré el mío para verte, asegurándome de no haber interrumpido tus sueños. Sonreí como una boba al observarte sumido en ellos, luciendo completamente “angelical” desde ese punto de vista.- Ow, que bonito mi bebé… -susurré tiernamente, comenzando a admirarte por largos segundos, sonriendo sumisa de manera inconsciente. Estabas de costado, a lo que te imité, girándome a donde tú, para así tenerte de vista al frente. Apoyaba mi cabeza a puño cerrado sobre mi codo, y con mi mano libre, comenzaba a acariciar delicadamente tu mejilla, bajando de forma lenta a tus labios. Ahí, me detuve, y acerqué mis labios a los tuyos. Rocé muy apenas éstos, temerosa de que te despertaras en ese momento. Cerré mis párpados y rocé cuidadosa nuestras narices, disfrutando de esa tranquilidad que me transmitías. Besé tus labios por varios segundos, sin profundizar en momento alguno. Al separarme, volví a sonreír y desvié la mirada a un costado bajo la cama. Los ligeros aruñones que intentaba hacer Lía con sus patitas delanteras sobre el edredón, captó mi atención llenándome de ternura.- Aw, cosis. Pero qué bonita princesa. -Le hablé de forma melosa y un tanto estúpida, inclinándome al mismo tiempo para tomarla con cuidado en brazos. Me incorporé hasta quedar sentada en forma de indio sobre el colchón y con Lía en mi regazo. Comencé a juguetear con ella, dándole suaves golpecitos en su cabeza para hacerla molestar y que ésta intentara morderme. Me causaba una ternura extrema escuchar sus bajos gruñidos, a lo cual me sacaba más de una risita. Intentaba no ser muy escandalosa para así no hacerte despertar. De vez en cuando me giraba a observarte, mirándote como un nene aún. Completamente adormecido y sumido en tus propios sueños.- Ow, ¿Ya viste a papi, cosi? -me dirigí a la pequeña cachorra y como si en verdad hubiese entendido, lanzó un ligero ladrido. Reí un tanto alto, e inmediatamente coloqué mi índice sobre mis labios.- Shhh… Sabes que ha estado un tanto gruñón estos días. Dejémosle descansar a ver si así amanece de buen humor. -Ésta, de nuevo pareció entender de lo que hablaba, moviendo así su colita. Con una de mis manos comencé a acariciar el suave pelaje de Lía, recorriendo desde su cabeza hasta la última extremidad en su cuerpo. Eran caricias vagas, ya que en determinado momento había tomado una revista de la mesita de noche, y comenzaba a hojearla con mi mano libre.- ¡Oh mira esto! -exclamé para Lía, y ella estiró su cabeza a donde yo le apuntaba con mi índice. Reí anonadada, acariciando su cuello.- Pero que hermosa, mira lo inteligente que eres. Mañana en definitiva te enseñaré algunos trucos, así te llevo a la televisión y ganas dinero para pagar mis botines… -fingí lanzarle una mirada severa, haciendo un pucherito después y acercándome a besar su cabeza. Ésta me lamió el rostro, a lo que fruncí de forma tierna mi nariz, cerrando con fuerza mis ojos.- Oye no, oleré a perro. Deja. Deja. -seguí molestándola, empujándola suavemente hacía atrás. Luego de un rato, pude captar movimiento de tu parte, a lo que me percaté que seguías muerto en la cama.- Eso te pasa por dejarme sola en la noche. Te pierdes de una gran diversión con nuestra hija. Prrr. -Te saqué la lengua, simulando enfado y luego de eso sentí aquel vientecito de la rosa de gpe.- ¡Tengo una idea! -le susurré a Lía y tomé la lata de crema de batir que estaba también en la mesita. Momentos antes comía fresas, acompañándolas con la ya mencionada. Sacudí un poco el bote y lo acerqué a tus labios, presionando con cuidado para que no saliera demasiado y no causar mucho ruido. Aunque, tenías el sueño tan pesado que sabía que no sería un impedimento. Llené tus labios de crema, tus cejas y entrecejo, parte de tu torso desnudo y una ligera cantidad en la punta de tu nariz. Mantenía mi mano libre sobre mi boca, intentando callar mis risas, haciendo lo posible por reprimirlas. Lía observaba atenta desde el pie de la cama. Al terminar mi obra de arte, tomé mi móvil y te saqué algunas fotografías desde diferentes ángulos.- Mira cuanta sensualidad derrochas, mi amorrr… Será una buena postal, te vez tan mono. -Sin duda alguna moriría por limpiarte con mi lengua, cada parte de tu cuerpo, pero debía contenerme. No habías ido a dormir al sofá y eso era parte del castigo. Luego de guardar el móvil, tomé una sábana limpia junto con mi almohada, un oso de peluche llamado “Pupu” y mi mantita rosa. Arrastré ésta última mientras caminaba al sofá de la habitación, a un costado de la cama. Una vez que me acomodé para dormir, te lancé un besito y otro más a Lía, que permanecía aún al pie de la cama.- Dulces sueños, vida mía. -sonreí triunfante, acomodando mi cabeza sobre la almohada, cerrando mis ojos para así comenzar a descansar.-
Te amo ¿si? Yo no sé que mierda pasó y por lo que veo tu tampoco. Todo se malinterpretó, pero ya fue.
